Un poco de data triple x

Tecnologías, sexualidades y relaciones de poder en las formas de clasificación del porno en internet es una tesina que escribieron Christian Orgaz Alonso y Javier Rujas Martínez-Novillo y analiza las formas de clasificación de las páginas de contenido pornográfico más visitadas: Youporn y Redtube.

Entienden por pornografía “todo material que represente actos sexuales explícitamente, generalmente con el fin de provocar placer o excitación sexual en la persona que lo recibe y consume’’, considerado habitualmente como ofensivo, obsceno o indecente, por lo que se le atribuye un carácter marginal entre las formas simbólicas. Los autores toman la pornografía como un fenómeno cultural tan analizable como cualquier otro.

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Los 80 estuvieron marcados por el debate que se dio en el seno de la militancia feminista entre las anti-pornografía y las anti-censura. Las primeras, con Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin como principales exponentes, consideran que la pornografía reproduce en todas su formas la dominación machista. En contraposición, Judith Butler, principal exponente de la corriente pro-pornografía, ve en esa creación de contenidos una posibilidad de subversión que devenga en mecanismos de resignificación de las prácticas sexuales hegemónicas.

Los autores coinciden con Foucault y sostienen que deben estudiarse las manifestaciones concretas de la sexualidad como parte del entramado de relaciones y discursos de la producción sexual. El análisis se centra en los modos de clasificación de videos pornográficos en internet, la información se recaudó en noviembre de 2010.

La gran mayoría de los consumidores de pornografía en Internet son hombres menores de 35 años y de clase social media o media alta. En cuanto a las categorías, las opciones son muy diversas y con poca relación lógica entre ellas. Identificaron tres criterios básicos de clasificación: prácticas, características de las personas y contextos.

La clasificación se rige por el eje ‘orientación sexual masculina’. Esto se deduce de la oferta de contenidos y por un análisis más específico: el porno homosexual masculino aparece como la única categoría que no se mezcla con ninguna de las otras.

Por otro lado, los vídeos de homosexualidad femenina no sólo aparecen bajo la categoría ‘lesbian’, sino que la temática se repite en muchas categorías, siempre como generadora de placer masculino, no como pornografía lésbica en sí misma. 

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Los autores se enfocaron también en las categorías no explícitas, como ‘heterosexual’, el rango de edad habitual y la etnia. Frente a las categorías ‘asiáticos’ o ‘negros’, no existe una categoría que sea ‘blancos’, aunque sí de forma implícita. También resulta implícita la categoría que refiere a la clase social, a pesar de que no haya ninguna separación explícita, el personaje masculino central de los videos representa un nivel socioeconómico medio o alto.

Estas categorías dadas por obvias devienen en un modelo de representación hegemónico que los autores definen como ‘rico/demandante/hombre/blanco’ en oposición a ‘pobre/potencial ofertante/mujer/no blanca’.

Esos criterios estructurantes representan las formas vigentes de representar la sexualidad, androcéntrica y dirigida a un público específico, y participa de las visiones socialmente hegemónicas. Las categorías pornográficas sirven más para separar y aislar aquellos contenidos que resultan menos tolerables, mientras reproducen gustos sexuales hegemónicos. A pesar de la conclusión desesperanzadora, los autores creen en el potencial subversivo de la pornografía, pero no pudieron abarcar las creaciones no hegemónicas que circulan por Internet. Delegan esa tarea en futuros investigadores y eso haremos.