La no monogamia, otra opción

La lluvia no moja pero molesta cuando Sandra Bravo, periodista especializada en sexualidad y escritora del blog www.hablemosdepoliamor.com, llega a la boutique erótica Amantis, en Barcelona, y se prepara para dar el taller que tituló Alternativas a la monogamia tradicional.

Acomoda unas sillas en semi círculo y deja algunas bananas y frutillas sobre la mesa ratona. Alrededor, vibradores de todo tamaño y color decoran la escena mientras pezoneras, máscaras de látex, encaje, plumas y látigos miran desde la tribuna. En el fondo hay libros sobre pornografía feminista, arte erótico japonés y novelas triple x. Desconcentra un poco la escenografía cuando Sandra le pregunta a lxs curiosxs por qué están acá.

Sergio y Laura, por decirles de alguna manera, son pareja hace 40 años y desde hace 30 que mantienen una relación abierta. Empezaron por el mundo swinger y el intercambio de parejas. Siempre fueron muy abiertos, cuentan, y mencionan el centro naturista en el sur de Franciaa donde van 4 veces por año para disfrutar de intercambio swinger, sector nudista y fiestas sexuales; el vínculo evolucionó y hoy no siempre comparten cama cuando tienen sexo con tercerxs.

Sandra empieza por enumerar los mitos más comunes alrededor de las personas no monógomas:

  • No quieren crecer
  • Tienen fobia al compromiso
  • Son personas incompletas
  • Todavía no conocieron a LA PERSONA que lxs haga cambiar de opinión
  • Son pervertidxs sexuales
  • Son amorales
  • Se la pasan en orgías todo el día

‘¡Ojalá!’, dice Sandra sobre esto último, todxs ríen, y sigue por enumerar los diferentes tipos de alternativas a la monogamia tradicional.

*Se debatió mucho sobre esto de etiquetar dentro de lo que quiere salirse de las etiquetas tan propias de la monogamia. Se acordó en entender la necesidad de nombrar, de dar un entorno lingüístico a temas de los que no se habla, y se coincidió en lo dinámico de nombrar con consciencia de que la verdad no existe*.  Dicho esto…

(algunos)
TIPOS DE NO MONOGAMIA

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Monogamia consciente:
Es la monogamia por elección. No la que responde a reglas pre establecidas, sino una monogamia consensuada dentro de otras posibles opciones de relación. Muchas parejas polígamas tienen momentos de monogamia consciente. Sergio y Laura cuentan, por ejemplo, que durante tres años después de tener a su hija fueron monógamos. La clave está en la elección y el común acuerdo.

Monogamia híbrida:
Es una monogamia en la que una de las personas sólo mantiene relaciones con su pareja, mientras que la otra también tiene relaciones con tercerxs. Muchas personas no quieren tener más de un vínculo de este estilo, mientras que entienden que su pareja sí desee hacerlo.

Monogamia abierta:
Las dos partes mantienen relaciones con otras personas. En estos casos se suele acordar en que las relaciones externas sean “no amorosas” o “estrictamente sexuales”. Más allá de la ambigüedad de estos conceptos, las condiciones, en todos los casos, son tan únicas como relaciones existen.

Poliamor jerárquico:
Se mantiene una relación principal y otras satélite. Se trata de un modelo de poliamor que copia varias estructuras de la monogamia. Muchas veces hay cuestiones logísticas que también devienen en relaciones de este tipo: tener hijxs, convivir, compartir bienes, deudas, perro…

Poliamor horizontal:
Se mantienen varias relaciones sin diferenciación jerárquica explícita. También se habla en este sentido de polisoltería. A diferencia del poliamor jerárquico, el horizontal escapa a las estructuras de la monogamia que relacionan al amor con posesión, convivencia, jerarquía emocional o finitud.

Polifidelidad:
Son las relaciones amorosas y sexuales entre más de dos personas.’Tríadas’ o ‘triejas’, ‘cuadras’ o ‘cuadrejas’, o ‘tribus’ cuando la relación es entre más de cuatro personas. El vínculo entre los integrantes varía: en algunos casos, todxs mantienen relaciones con todxs, mientras que hay otros en los que sólo algunxs interactúan sexualmente.
A la tríada se la dilustra con la V cuando dos de lxs integrantes no mantienen relaciones entre ellxs, mientras que sí lo hacen con la tercera persona. En la trieja, en cambio, las tres personas interactúan sexualmente entre sí. La misma diferencia, con sus variables propias, se da entre cuadra y cuadreja.

Anarquía relacional:
En contra de cualquier tipo de etiquetamiento de las relaciones.

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Es habitual que cuando se empieza una relación, el crecimiento se dirija ‘naturalmente’ a la monogamia y se dé ese modelo como el obvio. La parte que propone otra opción es la anormal, la que quiere ir contra las normas y la más proclive a tener que ceder, o cortar.

Cuando una pareja monógama termina, nadie piensa que fue por el modelo de relación que tenían. En cambio, si una relación poliamorosa se termina, el corte se atribuye al tipo de acuerdo relacional que mantenían. ‘Y… era imposible que lo mantuvieran’, es comentario habitual de quien no sabe y opina. ‘Y… cómo querían que funcionara si sólo tenían relaciones entre ustedes dos’, se escucha poco y nada entre lxs monógamxs con corazón roto.

Sergio y Laura no esconden su no monogamia pero tampoco la militan. De sus amigxs no lo sabe más que un par y su hija de 27 años nunca preguntó. ‘Aunque tiene que sospechar’, admite Laura y cuenta que la lista del GPS en el auto que comparten está llena de clubes triple X.

Cada pareja tiene derecho a vivir el tipo de relación que quiera, cada unx tiene derecho a expresarlo, a proponerlo y a poder consentir el tipo de vínculo que desea mantener con la persona que sea. Y la otra o las otras personas, claro está, tienen derecho a hacer lo propio y descubrir, entre todas las partes, si la relación será o no será.

Penetración o no penetración, sexo oral o sólo un beso, enamoramiento o relación sexual, si conmigo o sin mí, si con dos, con tres o con ocho. Si con conocidxs sí, con conocidxs no, si fuera del pueblo o si en privado. Si lo cuentan, si lo esconden, si lo militan o si lo callan. Mucho que hablar. Después de aclarar que existen tantas sexualidades como individuos y tantas posibles relaciones como vínculos, Sandra tira algunos tips para la no monogamia:

‘Advertencia para vagos y cobardes: la no monogamia es para valientes y lleva mucho esfuerzo’

dice Sandra, y propone que cada persona se plantee algunas preguntas a la hora de vincularse con otras: ¿Qué tipo de relación quiero tener? ¿Cuáles son mis límites y mis gustos? ¿Qué cosas me hacen sentir bien y cuáles me hacen sentir mal? El pack de la monogamia tradicional incluye esas respuestas, ahorrándole a sus adeptxs el tiempo de pensarlas, asumirlas, y contestarlas.

El poliamor es dinámico y fluye constantemente. Las relaciones cambian, crecen y evolucionan hacia donde lxs integrantes descubren que están más a gusto. La clave es una comunicación constante, sincera y profunda, donde se deje en claro que todo es debatible y que nadie tiene por qué hacer algo que no quiera.

Muchas veces se piensan estas relaciones en término de los límites a los que se permiten llegar y esa es otra de las estructuras heredadas de la monogamia tradicional. Sandra recomienda, en cambio, encarar desde los sentimientos, desde el yo y desde lo positivo; y comparte una opinión: a mayor libertad, mayor seguridad y compromiso.

‘También es importante hacer cosas interesantes con la pareja. Si no, te la pasás teniendo sexo divertido afuera y haciendo el misionero en casa’, añade Laura e inaugura el tópico. Cuidar a la o las parejas es lo más importante de las relaciones no monógamas (y de todas las relaciones). Puede que unx esté de suerte y lleno de citas, mientras que la otra persona no está en la misma racha; o que alguien esté sintiendo celos; o que algunx esté atravesando un momento en el que necesite mayor atención.

De nuevo, la comunicación. Estar pendiente de qué está sintiendo la otra persona, preguntar y hablar cuando es necesario comunicar un sentimiento, entender que el otrx no es adivinx y saber leer el lenguaje no verbal. Después Sandra mencionó algunas cuestiones a definir para relaciones no monógamas:

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QUÉ: qué tipo de relación quieren tener, qué tipo de interacción sexual tendrán con tercerxs.

QUIÉN: si tendrán relaciones con desconocidxs o con el vecino; si quieren ser vistos con otrxs o si prefieren estar presentes cuando la otra persona tenga relaciones sexuales, si lxs ex están permitidxs.

CUÁNDO: es importante saber cuánto tiempo se le puede dedicar a la otra persona. No es lo mismo tener una noche libre al mes que querer dormir juntxs seis veces por semana. También hay momentos en los que la pareja necesita de atención especial o acompañamientos, y momentos en los que la distancia crece. En los casos de parejas que desean abrir su relación, también está bueno conversar cuánto tiempo se dedicarán para ellos solos y cuánto para tercerxs. ‘El tiempo de calidad es clave’, dice Sandra, y recomienda aclarar la disponibilidad horaria de entrada.

CÓMO: cómo se cuidarán entre ellos y con tercerxs, cuartxs o quintxs. Qué métodos utilizarán y qué controles médicos realizarán. Más allá de que no existe el sexo 100% seguro, sí existe el ‘más seguro’. Chequeos médicos constantes, cuidados conscientes y una honestidad extrema son indispensables en términos de salud sexual.

DÓNDE: si en casa sí, si en casa no; si en el pueblo o en la ciudad, si en Argentina o en Japón; si fuera del armario de la monogamia o bien adentro.

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¿Y CON LOS CELOS QUÉ HACEMOS?

Sandra empieza por aclarar que ‘celos’ es el comodín que usamos para no elegir otras palabras. Los celos abarcan muchos sentimientos. Entre ellos, Sandra dice posesión, soledad, rechazo y habla de injusticia; ese sentimiento de que onx está dando más que otrx, eso de que no nos sentimos ESPECIALES. Pero, ¿Qué significa sentirnos especiales? ¿Y por qué queremos sentirnos así? ¿La monogamia nos hace sentir especiales?

Sobre los celos también hay muchos mitos, entre los que Sandra nombra dos: ‘los celos son inherentes a las relaciones afectivas’ y ‘los poliamorosos no sienten celos’.

Frente a eso, propone tratar de contestar a la pregunta: ¿Qué estoy sintiendo realmente? ¿Envidia? ¿Rechazo? ¿Creo que la amante de mi pareja es mejor que yo? ¿Más lindx que yo? ¿Más inteligente? ¿Qué inseguridades me están haciendo ruido?

Los celos son propios de una noción que entiende al amor como posesivo. De la sensación de querer todo para unx. Sentir celos sí puede ser prueba de que hay algo que no anda bien, de que hay sentimientos; escucharlos es inevitable, poder nombrarlos y gestionarlos es bingo.

‘Nadie muere de celos’, dice Sandra y asegura que son controlables y que se pueden reducir planteando otras preguntas: ¿Qué grado de veracidad hay en estos celos? y ¿Cuántas posibilidades hay de que realmente pase lo que da celos? Los celos son individuales, crecen en la cabeza de la persona que llena vacíos con miedos que están, muchas veces, infundados.

En la ronda también están Belu y Pedro, por decirles de otra manera. Ellos son novios hace 3 años y desde el último año y medio que comparten una relación poliamorosa jerárquica. También convivieron durante un tiempo. Belu recuerda aquél como su momento de mayores celos y cuenta que ahora no viven juntos y les funciona mejor no saber dónde está el otrx todo el tiempo. Después Pedro cuenta que con otra chica con la que está saliendo tiene una relación monógama híbrida; ella sólo quiere estar con él y sabe que su novia principal es Belu.

Cuánto contarle a la pareja fue otro gran tema del taller. Depende, es la gran respuesta. Hay personas a las que les gusta saber todo con lujo de detalles y otras que prefieren tener la menor información posible. Es parte de cómo lxs haga sentir cada opción. ‘A mí no me interesa saber nada’, dice Laura mientras mira a su marido. Él enseguida aclara: ‘Ah, no, yo necesito saber todo, todo’, y ríen.

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Los celos también son propios de la monogamia tradicional que tiende a sobrecargar de valor a la pareja amorosa y sexual. Es como un banco con sólo dos patas, que arriba tiene monogamia, hijxs, un departamento, deudas, compromisos y vacaciones con lxs suegrxs. Esa carga genera sensaciones de dependencia que pueden acentuar los celos o sentimientos de posesión sobre la otra persona. El tema es que, llegado el caso, el banco con una sola pata se cae solo.

Somos personas distintas que reaccionan de forma única a estímulos diferentes. Hay personas que desean ser celadas y pueden sentirse muy heridas si su pareja no lo hace. Hay otras que no toleran ningún tipo de ataduras y algunas a quienes los celos les dan morbo y lxs calienta. Es por esto que, una vez más, Sandra habla de comunicación, de la importancia de cuidar a la pareja y de transformar manejos en consenso.

Por último, menciona un término poco escuchado: la compersión. El corrector subraya pero está bien escrito; la palabra es la traducción del inglés ‘compersion’, que refiere a la capacidad de alegrarse por la felicidad ajena. El movimiento queer y poliamoroso acuñó el término que en el nicho se usa para describir el sentimiento de satisfacción cuando una pareja está teniendo relaciones con otra persona. Es la capacidad de alegrarse por la apertura sexual del otrx y excitarse con eso. Es un sentimiento que puede, incluso, coexistir con los celos.

Al fin y al cabo, frente a los celos siempre se le puede pedir a la pareja una negociación, un cambio de actitud, más cariño y mimos, una charla con rico vino, o, por qué no, más sexo.