Pornografía y subversión

En 2013, la Revista de Ciencias Sociales Convergencia de México publicó el ensayo de la argentina Mariela Solana Pornografía y subversión: una aproximación desde la teoría de género de Judith Butler. El trabajo analiza la pornografía alternativa desde la perspectiva butleriana, que entiende a la misma como mecanismo de subversión frente a la pornografía mainstream. La tesista pretende contribuir al debate entre las posturas abolicionistas y las que están a favor de la industria pornográfica como posibilidad de redefinición de los términos sexuales, debate que se repite en los trabajos académicos sobre sexualidad y pornografía y que sigue vigente dentro del feminismo.

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Butler es una autora feminista y controversial, que con su obra El género en disputa, de 1990, impulsó el debate en torno al género y la sexualidad. Su teoría se centra en la definición de género como acto performativo, concepción que escapa a las nociones del género entendido como algo biológicamente dado (el sexo) y a la del género como elección voluntaria. Lo que la autora propone es que la definición del género se da performativamente en los actos, discursos y modos de ser de cada individuo.

Butler sostiene que los ideales convencionales rigen el comportamiento sexual de las personas, dividiéndolas entre ‘normales’ a quienes acatan las reglas y ‘anormales’ a quienes las desobedecen. Ese escenario constrictivo de la sexualidad es entendido como normatividad y como una matriz heterosexual, “que ordena el sexo, el género y el deseo de forma binaria, discreta y jerárquica’’, binaria en el sentido de las nociones entendidas como válidas: femenino/masculino, deseo del hombre por la mujer/deseo de la mujer por el hombre.

Butler cree en la capacidad transformativa de la sociedad y define la subversión como la repetición resignificadora:

“La estabilidad del género se da gracias a y a pesar de la repetición de actos. Se da gracias a la repetición porque el sostenimiento en el tiempo genera una ilusión de continuidad y naturalidad, pero también se da a su pesar, porque, para la autora, toda repetición temporal trae aparejado un desplazamiento respecto de aquello que se repite. La reiteración nunca es idéntica a lo reiterado y es en esta distancia donde podemos encontrar un espacio para la repetición subversiva’’

(Solana, 2013, p. 163).

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Judith Butler

Se entiende, entonces, la noción de subversión como la posibilidad de hallar grietas por donde desestabilizar los ideales hegemónicos y opresivos. No se trata de destruir estructuras anteriores, sino de redefinir y cuestionar la validez de las normas.

Lo central de esta idea es el hecho de que la tarea de subvertir no es ajena a la cultura, sino que se centra, principalmente, en quienes son dejados de lado en el universo de las representaciones de género. El fin es, entonces, desplazar las barreras del género a través de la repetición multiplicada y radical de las narraciones sexuales y de género.

Los actos no son en sí mismos subversivos o no subversivos, sino que la subversión es un valor que se les adjudica retrospectivamente, según el contexto, las consecuencias y las relaciones que establece con el resto de los elementos del orden social. 

Las teorías abolicionistas consideran que toda pornografía, incluidas las producciones alternativas, reproducen y refuerzan la subordinación sexual de las mujeres. Sostienen también que la premisa más importante del sistema patriarcal se representa de forma sexual. Las exponentes de ese movimiento proponen la prohibición de la pornografía por considerar que viola los derechos civiles de las mujeres. La autora del trabajo, en cambio, considera la emergencia de la pornografía alternativa como acto subversivo. Las ‘feministas pro sexo’ sostienen que el abolicionismo reivindica la posición machista en vez de refutarla y consideran la creación de contenidos subversivos como la posibilidad de resignificación de los valores predominantes.

Solana analiza las producciones de las directoras y teóricas Annie Sprinkle y Erica Lust que tienen como fin la reivindicación del lesbianismo, de las representaciones raciales de las mujeres y de los ideales de belleza en la pornografía mainstream. Estas películas se realizaron con el fin de promover una educación sexual alternativa a las concepciones tradicionales, centrada en el placer femenino y el conocimiento sobre la transmisión del HIV en el sexo entre mujeres. Otro punto clave de estas producciones es el de atender los derechos de lxs trabajadorxs sexuales:

          • Deep inside Annie Sprinkle, de 1982, brinda un recorrido de escenas sexuales que no solían aparecer en la pornografía hegemónica, con especial interés en desplazar los tabúes en torno al hombre penetrado y la erotización del ano masculino, dejados de lado en la pornografía heterosexual.
          • Good girl, de Erica Lust en 2004, es una parodia del típico encuentro de la mujer con el repartidor de pizza. El giro está en que es la mujer quien tiene la iniciativa de tener sexo, no por falta de plata (de hecho paga la pizza y le ofrece un pedazo al repartidor después del sexo) sino por iniciativa sexual personal. La mujer de esta versión lleva adelante la acción, la dirige y goza de su fantasía porno.

Las producciones de Sprinkle y Lust que para MacKinnon son entendidas como reafirmantes de la pornografía patriarcal, para Butler son reconocidas como creaciones subversivas que promueven el cambio de paradigma. Solana desafía a la abolicionista MacKinnon con la pregunta:

“¿Qué posibilidades políticas se abren si dejamos de considerar a la sexualidad femenina como el resultado inerte de prácticas de género opresivas y la comenzamos a pensar como un locus a partir del cual se pueden desprender nuevas formas de imaginar, quizás más igualitariamente, las relaciones sexuales?’’

(Solana, p. 174).

La gran circulación de contenidos sexuales alternativos son una clara forma de subversión. Se dio un cambio social en torno a la concepción que se tenía del género y de la sexualidad y esto se dio gracias a la gran producción y difusión de contenidos que dan cuenta de la sexualidad de sectores marginados. 

Llaman la atención los ejes que se repiten en torno a la sexualidad. Por un lado, la noción de un cambio promovido por quienes crean los contenidos, por otro lado, la idea de la necesidad de redefinir la posición de lxs trabajadorxs sexuales y por último, el debate a favor y en contra de la pornografía como herramienta de redefinición de sentido. Se trata de una polémica que se repite en lxs autorxs y que marca una bisagra en la forma de entender los comportamientos sociales. 

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