Buck Angel y su concha militante

Ver a Buck desnudo es impactante; primero por los músculos enormes que decoran sus brazos y marcan sus abdominales, segundo por la concha que tiene entre las piernas, tercero porque es sexy. Muy sexy. Buck Angel no quiere ser aceptado, considerado ‘normal’, ni tolerado. Él quiere ser fruto de deseo, que las fantasías sexuales más calientes lo tengan a él como personaje principal.

Buck Angel empezó a trabajar en la industria pornográfica porque no encontraba ninguna representación erótica de hombres como él; hombres con concha. Él era mujer, ahora es hombre, y no veía la sexualización de su condición en la industria adulta.

“Sentí que había algo que faltaba y me metí en el rubro; quería llenarlo de una visión más positiva del cuerpo y de la sexualidad. Lo que te define no es lo que tenés entre las piernas”

Buck recuerda el doble mensaje que le enviaban sus padres: por un lado, lo trataban como el varón que él sentía ser; podía vestirse como quisiera y llamarse Buck. Por el otro, cuando tenían que visitar algún familiar o ir a misa, lo obligaban a usar vestido. Él mismo asistió a diferentes tipos de terapia en las que la respuesta era confusa, del estilo de ‘sos una mujer extremadamente masculina’ y otras ridiculeces.

Un poco de empatía. Imaginate sentir que el cuerpo que habitás no es el que te gustaría tener, que donde desearías que hubiera un pijón, haya una concha. Que en el pecho que fantaseás musculoso y varonil, haya tremendo par de tetas. Imaginate que sos Juan en el cuerpo de Carmen, que por dentro te sentís Susana, pero por afuera te ves como un Oscar cualquiera. Ahora imaginate que a ese sentimiento de encierro en un cuerpo que parece no pertenecerte se suma la incomprensión, la falta de información, la apatía y la transfobia. Lindo panorama para atravesar la pubertad.

En el momento en que no pudo soportar la incomodidad con su cuerpo, recuerda, Buck se perdió en las drogas. Fue recién sobrio, tiempo después, que terminó de identificar lo que le pasaba y llevó a cabo su transición. Siempre recuerda el momento en el que se animó a decirle a su terapeuta que se sentía hombre y sonría cuando cita la respuesta que finalmente recibió: ‘te creo’.

Las personas no transexuales están acostumbradas a verse representadas en todas las industrias culturales. Y esto puede parecer una boludez, pero no sentirse identificadx con los contenidos audiovisuales o gráficos es una muestra de algo mucho más profundo; si tu cuerpo no sale en la tele es porque algo ‘raro’ tiene.

“Para mí, ser un pervertido significa estar en contacto con tu sexualidad’’

‘Nadie está haciendo porno de hombres transexuales’, pensó, y así fue como se metió en la industria pornográfica. Hoy, Buck es El Hombre con Concha de internet y llama la atención la repercusión mediática que tuvo; la búsqueda de su nombre en Google tira más de 13,6000,000 resultados en 0,41 segundos.

Buck empezó a producir y actuar en su propia productora de cine adulto: Buck Angel Entertainment. En 2005 fue el primer hombre trans en aparecer en una película de porno gay masculino. En el mismo año protagonizó la primera escena porno entre un hombre trans y una mujer trans que estuviera nominada a los Premios AVN (de la revista Audult Video News) como ‘Escena de sexo más escandalosa’. Dos años después, se convirtió en el primer hombre transexual en ganar ‘Intérprete Transexual del Año’.

Todxs sabemos (y aceptamos) que hay personas a las que les erotizan las pijas, otras que aman las conchas y otras tantas que saben disfrutar de ambas. Parecería estar todo bien con los genitales. HASTA que lo que hay entre las piernas no coincide con lo que el resto de tu aspecto anuncia. Con la pija todo bien, sin tetas no hay paraíso, genial, aguanten las conchas y de los culos ni hablar, somos fanáticxs. ¿Es una cuestión de combinaciones, entonces?

“Por ser una estrella porno no fue fácil que la gente me tomara en serio, que entendiera que tenía algo para decir’’

¿Por qué no se opera? Pensarán los transfóbicos privilegiados. A ver, querido hombre que nació hombre, una cirugía genital no es soplar y hacer botellas. Para los hombres transexuales, particularmente, el procedimiento presenta más problemas que soluciones y la cirugía termina siendo, en la mayoría de los casos, una cuestión simbólica. Se consigue el pene, sí, pero son penes con capacidades reducidas que muchas veces ni siquiera pueden alcanzar erecciones ni el placer del que serían capaces de disfrutar con la vagina original. El proceso, además de ser doloroso y carísimo, disminuye alarmantemente las posibilidades de tener orgasmos. Imaginate.

Buck decidió conservar su vagina y promueve esa posibilidad para los hombres trans. Da charlas motivaciones y de defensa de los derechos humanos en universidades, programas de radio y televisión, entrevistas de prensa gráfica y lugares de encuentro de personas trans.

Buck sí se realizó la operación en el pecho y quería ir por el todo hasta se enteró lo de los no orgasmos y reculó; tener una pija entre las piernas dejó de ser opción. Fue entonces cuando le encontró una vuelta económica a la cuestión; decidió generar la demanda para su oferta y sexualizarse a sí mismo.

Buck veía que había mucho material con mujeres trans como protagonistas. “¿Cómo puede ser que no haya habido nunca un hombre como yo en la industria del porno?’’, pensó entonces. Recuerda que ya había de todo; porno de fetiches con globos, con pies… Todo, menos un hombre con concha.

“Y adivinen quiénes eran mis consumidores número uno… los hombres gay. ¿Cómo es eso posible? Yo pensaba que los gays odiaban las conchas. Aparentemente no, y esa es otra muestra de lo increíblemente amplia que es la sexualidad. En ese momento me di cuenta de que lo que yo estaba haciendo era mucho más que pornografía’’

Buck Angel inventó un género pornográfico. Su carrera, si embargo, se armó sobre la marcha. En un principio, Buck se dedicaba mayormente a la producción y actuación en películas pornográficas; hoy, su fuente de ingreso en la industria adulta es desde el activismo. Buck milita por que lxs jóvenes trans puedan encontrar esa paz en el amor propio y la aceptación del cuerpo, sea como sea.

En 2016 lanzó al mercado el primer producto de masturbación para hombres transexuales con vagina. El Buck-off es un instrumento que succiona a la vez que funciona como vibrador. Otra característica de este juguete es que quien lo usa puede masturbarse sin tener que tocarse la vagina. Esto es muy importante para los hombres trans que, en muchos casos, no se sienten cómodos tocando sus genitales. “Están muy desasociados a sus vaginas porque no las reconocen, no las sienten masculinas’’, explica Buck.

A partir de charlas que tuvo con cientos de muchachos trans, Buck estima que el 90% conserva su vagina. Lo inusual de las conchas de hombres trans es que tienden a agrandarse por la testosterona (sobre todo el clítoris) y a tener mayor sensibilidad. “No había nada para nosotros en el mercado’’, cuenta.

El caso de Buck Angel es único. Se trata de un prosumidor que logró hacer una marca de sí mismo que hoy funciona como una empresa multifacética de creación y distribución de contenidos sexuales. Se trata de una persona que logró difundir ideales que promueven el respeto de derechos humanos básicos de la identidad sexual y de género.

Es muy importante para las personas sentirse identificadas con la pornografía que consumen y muchas personas que están disconformes con sus cuerpos consultan y piden ayuda en la web para sentirse acompañadas y valoradas.

El sexo, los géneros y la orientación sexual están en disputa. Y la variedad del abanico de la sexualidad es inabarcable; hay tantas identidades sexuales como individuos existen, así que a no olvidar el mensaje más puro de Buck: todxs somos dignxs de ser deseadxs.

Para: mujeres De: Erika Lust

“Imaginen una escena, una escena porno. ¿Qué ven? Una mujer, rubia, con un vestido apretado, labios rojos y melones como pechos. Una pija enorme entre sus labios. Le está practicando sexo oral a un hombre. ¿Por qué? Porque ese amable hombre la acaba de ayudar a arreglar su auto. Después del pete de agradecimiento, él le acaba toda la cara y ella sonríe en placer fingido. Eso es porno. Y es hora de que el porno cambie.’’

Erika Lust

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Erika Lust es una sueca de 40 años que milita desde hace 13 por la creación de una pornografía representativa. Empezó como estudiante de ciencias políticas, feminismo y género en Suecia; hoy es productora de cine pornográfico en Barcelona. 

Es hora de que el porno cambie y para eso necesitamos mujeres en los puestos de liderazgo, produciendo, creando, escribiendo guiones. No quiero a la mujer fuera del porno, la quiero adentro.

¡Y que le guste!

Erika critica la pornografía hecha por y para hombres. “Hombres con muy poca inteligencia sexual”, aclara, y plantea la importancia que tuvo la redefinición del rol de la mujer en todos los ámbitos. Menos en la pornografía. Porque puede parecer muy loco, pero a las mujeres también nos gusta coger y mirar porno.

Casi todxs vemos porno antes de tener relaciones sexuales, o por lo menos tenemos algún tipo de acercamiento audiovisual a la temática. La educación sexual es patética y la mayoría de las personas aprende a relacionarse sexualmente a través de la pornografía. El problema es que el porno más accesible y consumido es heteronormativo, machista, racista, transfóbico; hecho por y para hombres ricos y heterosexuales.

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El porno mainstream parte de una serie de supuestos irrisorios y ridículos que se reproducen en los vínculos sexuales entre personas que aprendieron a coger por internet. Erika escribió sobre esto en su libro Porno para mujeres:

Nos quieren hacer creer que el sexo es así:

  • Las mujeres están siempre deseando que venga un hombre (cualquier hombre) a cogérselas bien duro
  • Los hombres nunca son impotentes y, si lo son, su masculinidad desaparece
  • Las mujeres duermen en tacos
  • Las mujeres no menstrúan
  • Los hombres eyaculan litros
  • A las mujeres les encanta ahogarse con pija
  • Cuando ellos acaban, ellas justo también
  • Las mujeres no cogen entre ellas, a no ser que haya un hombre mirando
  • Cualquier inconveniente o deuda económica puede salvarse con una chupada de pija, y es el medio de pago preferido de las mujeres que nunca tienen plata ni nada mejor para ofrecer
  • Las mujeres se sorprenden cuando descubren que hay una pija abajo del boxer
  • Todas las mujeres cogen a los gritos
  • Todas las tetas son grandes, redondas y perfectas
  • Todas las pijas son largas, gordas y duras
  • Las enfermeras siempre le chupan la pija a los pacientes
  • Todas las mujeres son flacas
  • Los hombres asiáticos no existen
  • Los hombres de pija chica tampoco

El gran salto de Erika fue en 2004, cuando realizó la película A Good Girl como último proyecto de su carrera en Dirección de Cine. Erika dirigió y re significó un clásico de la pornografía tradicional: una chica recibe una pizza en toalla y termina cogiendo con el chico del delivery.

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El giro se da en que todo está pensado desde la perspectiva de una mujer independiente y calentona que decide tener relaciones por una fantasía personal; ella quiere coger como en una porno. La pizza la paga y hasta le comparte un pedazo al cadete. Erika subió A Good Girl gratis a internet y la película llegó a más de dos millones de descargas en pocos días. Acá la peli para curiosxs.

Hay que hacer porno con sexo muy sucio y valores muy limpios

Erika Lust

En ese momento Erika entendió que no era la única que no se sentía identificada con el porno mainstream, su publicación generó movimiento mediático y mucha atención pública. Desde entonces, Erika Lust se convirtió en una marca multifacética de producción, distribución, fomento y venta de contenidos pornográficos que colonizó un mercado poco explorado. Todas las creaciones exploran el sexo desde una perspectiva feminista.

Erika se define como una mujer feminista, a favor de la expresión sexual, que hace películas adultas alternativas. También describe los cuatro pilares sobre los que se basa su producción:

        • El placer de la mujer importa
        • El cine adulto puede tener valores cinematográficos
        • Necesitamos más tipos de cuerpo, diferentes edades y diversidad racial
        • El proceso de producción debe ser ético

Erika cree que es responsabilidad de su generación el repensar la pornografía. Ella tiene dos hijas y no quiere que introduzcan nociones de cuerpo desde modelos photoshopeadas.

“No quiero que fumen, no quiero que coman comida chatarra y no quiero que aprendan de sexo de pornografía de mala calidad y sexista. Tenemos que enseñarles a que se valoren a sí mismas y a su sexualidad, a que piensen de forma crítica sobre las representaciones sexuales. Y eso, les guste o no, incluye al porno’’.

Algunos ejemplos:

Una de las páginas de Erika, xConfession.com, es un portal donde las personas publican sus fantasías sexuales. El equipo elige dos por mes y las convierte en películas porno. La página no tiene categorías y las fantasías van desde fetiches con lágrimas hasta sesiones BDSM. Erika se hace cargo del rol educador que le adjudica a la pornografía y de la mala representación que hace el porno mainstream de las menores de edad.

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La confesión de @notsosweet16:

Tengo 16 años, ya sé, ni siquiera tengo permitido estar en este sitio. Pero estoy harta y enojada por ver que mi sexualidad (la sexualidad de los adolescentes) está tan mal en el porno: ‘Destruyen a adolescentes extra chicas’, ‘Adolescentes petisas que les dan por el culo’, ‘Concha fresca de adolescente’.

¿Hace falta que seamos un fetiche, siempre explotado, que tiene sexo con hombres mayores? Es aterrador. La realidad de nuestras vidas sexuales es mucho más tierna, íntima, cuidadosa, cariñosa y dulce. Y la mayoría del tiempo cogemos con gente de nuestra propia edad, ¿sabían?

En la película hay solo dos adolescentes que no aparentan los 22 años de sus actores, sino los 16 de la historia. Se conocieron en Barcelona y se hicieron mejores amigxs. La tarde anterior a que ella se fuera con sus padres de la ciudad, exploran su sexualidad. El diálogo de la película se da desde la voz en off de ella, que lee la carta que le dejó a él un tiempo después.

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La confesión de @elise_11:

Hola, mi nombre es Elise y soy fanática de los vampiros. También soy de esas chicas que se ponen extremadamente calientes cuando están indispuestas. El otro día me estaba tocando y dejé una mancha de sangre en mi sábana blanca. Entonces me miré los dedos, sangrientos y goteantes, y me pregunté: los vampiros, ¿pueden oler mi menstruación? Y si pueden, ¿les daría hambre? ¿o calentura?

Se ve a una chica que está sola en una casa grande y que, mientras se baña, se da cuenta de que está indispuesta. Desde la bañadera puede ver el cielo porque tiene un ventanal en el techo. Desde el otro lado del vidrio la mira, segundos después, un vampiro.

Ella lo siente y deja la ventana de su cuarto abierta mientras hace la paja sobre la cama. En seguida aparece el vampiro que primero la huele, la siente y la investiga para luego dedicarse, durante el resto de la película, a practicarle sexo oral.

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Erika produjo una película que propone otra cara a la idea que asocia la menstruación con algo sucio o desagradable que la mujer ‘sufre’ una vez por mes. Esta postura no solo pone en jaque esa idea imperante, sino que canta retruco y la fetichiza como fuente del deseo sexual; el vampiro quiere sangre.

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La fantasía:

Querida vecina del 2do, los gritos y gemidos de sus invitados me rebotan todo el día. No me quejo de su promiscuidad, sino de sus horarios. ¿Sería tan amable de acomodar sus citas sexuales y coger más temprano? Algunos tenemos que trabajar, ¿sabés? La próxima llamo a la policía, a menos que me invites a sumarme a la fiesta. Tu vecino.

Él trabaja desde su casa y no se puede concentrar porque su vecina se la pasa cogiendo. La odia en secreto y no para de quejarse hasta que un día ella le toca la puerta y lo encara. El resto es historia. Y porno.

– When was the last time YOU had sex?

– …

– See? You’re jealous.

– Fuck you.

– Be my guest.

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El tema con el porno feminista es que hay que pagarlo. Los contenidos gratuitos suelen ser los mismos que critica Erika, aunque el costo de acceder a sus películas hace que sean poco accesibles. Se genera una especie de feminismo elitista, aunque, claro está, de algún lado la plata sale.

En las páginas de Erika se permite la suscripción mensual, pagar por videos particulares o el modo maratón: x cantidad de tiempo por x cantidad de plata. Esta opción no es mala porque los contenidos también se pueden descargar. Guiño. Otro tip: con la suscripción al mail te llega una peli de regalo.

Algunos ejemplos menos heteronormativos:

A googlear amigas.

La no monogamia, otra opción

La lluvia no moja pero molesta cuando Sandra Bravo, periodista especializada en sexualidad y escritora del blog www.hablemosdepoliamor.com, llega a la boutique erótica Amantis, en Barcelona, y se prepara para dar el taller que tituló Alternativas a la monogamia tradicional.

Acomoda unas sillas en semi círculo y deja algunas bananas y frutillas sobre la mesa ratona. Alrededor, vibradores de todo tamaño y color decoran la escena mientras pezoneras, máscaras de látex, encaje, plumas y látigos miran desde la tribuna. En el fondo hay libros sobre pornografía feminista, arte erótico japonés y novelas triple x. Desconcentra un poco la escenografía cuando Sandra le pregunta a lxs curiosxs por qué están acá.

Sergio y Laura, por decirles de alguna manera, son pareja hace 40 años y desde hace 30 que mantienen una relación abierta. Empezaron por el mundo swinger y el intercambio de parejas. Siempre fueron muy abiertos, cuentan, y mencionan el centro naturista en el sur de Franciaa donde van 4 veces por año para disfrutar de intercambio swinger, sector nudista y fiestas sexuales; el vínculo evolucionó y hoy no siempre comparten cama cuando tienen sexo con tercerxs.

Sandra empieza por enumerar los mitos más comunes alrededor de las personas no monógomas:

  • No quieren crecer
  • Tienen fobia al compromiso
  • Son personas incompletas
  • Todavía no conocieron a LA PERSONA que lxs haga cambiar de opinión
  • Son pervertidxs sexuales
  • Son amorales
  • Se la pasan en orgías todo el día

‘¡Ojalá!’, dice Sandra sobre esto último, todxs ríen, y sigue por enumerar los diferentes tipos de alternativas a la monogamia tradicional.

*Se debatió mucho sobre esto de etiquetar dentro de lo que quiere salirse de las etiquetas tan propias de la monogamia. Se acordó en entender la necesidad de nombrar, de dar un entorno lingüístico a temas de los que no se habla, y se coincidió en lo dinámico de nombrar con consciencia de que la verdad no existe*.  Dicho esto…

(algunos)
TIPOS DE NO MONOGAMIA

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Monogamia consciente:
Es la monogamia por elección. No la que responde a reglas pre establecidas, sino una monogamia consensuada dentro de otras posibles opciones de relación. Muchas parejas polígamas tienen momentos de monogamia consciente. Sergio y Laura cuentan, por ejemplo, que durante tres años después de tener a su hija fueron monógamos. La clave está en la elección y el común acuerdo.

Monogamia híbrida:
Es una monogamia en la que una de las personas sólo mantiene relaciones con su pareja, mientras que la otra también tiene relaciones con tercerxs. Muchas personas no quieren tener más de un vínculo de este estilo, mientras que entienden que su pareja sí desee hacerlo.

Monogamia abierta:
Las dos partes mantienen relaciones con otras personas. En estos casos se suele acordar en que las relaciones externas sean “no amorosas” o “estrictamente sexuales”. Más allá de la ambigüedad de estos conceptos, las condiciones, en todos los casos, son tan únicas como relaciones existen.

Poliamor jerárquico:
Se mantiene una relación principal y otras satélite. Se trata de un modelo de poliamor que copia varias estructuras de la monogamia. Muchas veces hay cuestiones logísticas que también devienen en relaciones de este tipo: tener hijxs, convivir, compartir bienes, deudas, perro…

Poliamor horizontal:
Se mantienen varias relaciones sin diferenciación jerárquica explícita. También se habla en este sentido de polisoltería. A diferencia del poliamor jerárquico, el horizontal escapa a las estructuras de la monogamia que relacionan al amor con posesión, convivencia, jerarquía emocional o finitud.

Polifidelidad:
Son las relaciones amorosas y sexuales entre más de dos personas.’Tríadas’ o ‘triejas’, ‘cuadras’ o ‘cuadrejas’, o ‘tribus’ cuando la relación es entre más de cuatro personas. El vínculo entre los integrantes varía: en algunos casos, todxs mantienen relaciones con todxs, mientras que hay otros en los que sólo algunxs interactúan sexualmente.
A la tríada se la dilustra con la V cuando dos de lxs integrantes no mantienen relaciones entre ellxs, mientras que sí lo hacen con la tercera persona. En la trieja, en cambio, las tres personas interactúan sexualmente entre sí. La misma diferencia, con sus variables propias, se da entre cuadra y cuadreja.

Anarquía relacional:
En contra de cualquier tipo de etiquetamiento de las relaciones.

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Es habitual que cuando se empieza una relación, el crecimiento se dirija ‘naturalmente’ a la monogamia y se dé ese modelo como el obvio. La parte que propone otra opción es la anormal, la que quiere ir contra las normas y la más proclive a tener que ceder, o cortar.

Cuando una pareja monógama termina, nadie piensa que fue por el modelo de relación que tenían. En cambio, si una relación poliamorosa se termina, el corte se atribuye al tipo de acuerdo relacional que mantenían. ‘Y… era imposible que lo mantuvieran’, es comentario habitual de quien no sabe y opina. ‘Y… cómo querían que funcionara si sólo tenían relaciones entre ustedes dos’, se escucha poco y nada entre lxs monógamxs con corazón roto.

Sergio y Laura no esconden su no monogamia pero tampoco la militan. De sus amigxs no lo sabe más que un par y su hija de 27 años nunca preguntó. ‘Aunque tiene que sospechar’, admite Laura y cuenta que la lista del GPS en el auto que comparten está llena de clubes triple X.

Cada pareja tiene derecho a vivir el tipo de relación que quiera, cada unx tiene derecho a expresarlo, a proponerlo y a poder consentir el tipo de vínculo que desea mantener con la persona que sea. Y la otra o las otras personas, claro está, tienen derecho a hacer lo propio y descubrir, entre todas las partes, si la relación será o no será.

Penetración o no penetración, sexo oral o sólo un beso, enamoramiento o relación sexual, si conmigo o sin mí, si con dos, con tres o con ocho. Si con conocidxs sí, con conocidxs no, si fuera del pueblo o si en privado. Si lo cuentan, si lo esconden, si lo militan o si lo callan. Mucho que hablar. Después de aclarar que existen tantas sexualidades como individuos y tantas posibles relaciones como vínculos, Sandra tira algunos tips para la no monogamia:

‘Advertencia para vagos y cobardes: la no monogamia es para valientes y lleva mucho esfuerzo’

dice Sandra, y propone que cada persona se plantee algunas preguntas a la hora de vincularse con otras: ¿Qué tipo de relación quiero tener? ¿Cuáles son mis límites y mis gustos? ¿Qué cosas me hacen sentir bien y cuáles me hacen sentir mal? El pack de la monogamia tradicional incluye esas respuestas, ahorrándole a sus adeptxs el tiempo de pensarlas, asumirlas, y contestarlas.

El poliamor es dinámico y fluye constantemente. Las relaciones cambian, crecen y evolucionan hacia donde lxs integrantes descubren que están más a gusto. La clave es una comunicación constante, sincera y profunda, donde se deje en claro que todo es debatible y que nadie tiene por qué hacer algo que no quiera.

Muchas veces se piensan estas relaciones en término de los límites a los que se permiten llegar y esa es otra de las estructuras heredadas de la monogamia tradicional. Sandra recomienda, en cambio, encarar desde los sentimientos, desde el yo y desde lo positivo; y comparte una opinión: a mayor libertad, mayor seguridad y compromiso.

‘También es importante hacer cosas interesantes con la pareja. Si no, te la pasás teniendo sexo divertido afuera y haciendo el misionero en casa’, añade Laura e inaugura el tópico. Cuidar a la o las parejas es lo más importante de las relaciones no monógamas (y de todas las relaciones). Puede que unx esté de suerte y lleno de citas, mientras que la otra persona no está en la misma racha; o que alguien esté sintiendo celos; o que algunx esté atravesando un momento en el que necesite mayor atención.

De nuevo, la comunicación. Estar pendiente de qué está sintiendo la otra persona, preguntar y hablar cuando es necesario comunicar un sentimiento, entender que el otrx no es adivinx y saber leer el lenguaje no verbal. Después Sandra mencionó algunas cuestiones a definir para relaciones no monógamas:

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QUÉ: qué tipo de relación quieren tener, qué tipo de interacción sexual tendrán con tercerxs.

QUIÉN: si tendrán relaciones con desconocidxs o con el vecino; si quieren ser vistos con otrxs o si prefieren estar presentes cuando la otra persona tenga relaciones sexuales, si lxs ex están permitidxs.

CUÁNDO: es importante saber cuánto tiempo se le puede dedicar a la otra persona. No es lo mismo tener una noche libre al mes que querer dormir juntxs seis veces por semana. También hay momentos en los que la pareja necesita de atención especial o acompañamientos, y momentos en los que la distancia crece. En los casos de parejas que desean abrir su relación, también está bueno conversar cuánto tiempo se dedicarán para ellos solos y cuánto para tercerxs. ‘El tiempo de calidad es clave’, dice Sandra, y recomienda aclarar la disponibilidad horaria de entrada.

CÓMO: cómo se cuidarán entre ellos y con tercerxs, cuartxs o quintxs. Qué métodos utilizarán y qué controles médicos realizarán. Más allá de que no existe el sexo 100% seguro, sí existe el ‘más seguro’. Chequeos médicos constantes, cuidados conscientes y una honestidad extrema son indispensables en términos de salud sexual.

DÓNDE: si en casa sí, si en casa no; si en el pueblo o en la ciudad, si en Argentina o en Japón; si fuera del armario de la monogamia o bien adentro.

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¿Y CON LOS CELOS QUÉ HACEMOS?

Sandra empieza por aclarar que ‘celos’ es el comodín que usamos para no elegir otras palabras. Los celos abarcan muchos sentimientos. Entre ellos, Sandra dice posesión, soledad, rechazo y habla de injusticia; ese sentimiento de que onx está dando más que otrx, eso de que no nos sentimos ESPECIALES. Pero, ¿Qué significa sentirnos especiales? ¿Y por qué queremos sentirnos así? ¿La monogamia nos hace sentir especiales?

Sobre los celos también hay muchos mitos, entre los que Sandra nombra dos: ‘los celos son inherentes a las relaciones afectivas’ y ‘los poliamorosos no sienten celos’.

Frente a eso, propone tratar de contestar a la pregunta: ¿Qué estoy sintiendo realmente? ¿Envidia? ¿Rechazo? ¿Creo que la amante de mi pareja es mejor que yo? ¿Más lindx que yo? ¿Más inteligente? ¿Qué inseguridades me están haciendo ruido?

Los celos son propios de una noción que entiende al amor como posesivo. De la sensación de querer todo para unx. Sentir celos sí puede ser prueba de que hay algo que no anda bien, de que hay sentimientos; escucharlos es inevitable, poder nombrarlos y gestionarlos es bingo.

‘Nadie muere de celos’, dice Sandra y asegura que son controlables y que se pueden reducir planteando otras preguntas: ¿Qué grado de veracidad hay en estos celos? y ¿Cuántas posibilidades hay de que realmente pase lo que da celos? Los celos son individuales, crecen en la cabeza de la persona que llena vacíos con miedos que están, muchas veces, infundados.

En la ronda también están Belu y Pedro, por decirles de otra manera. Ellos son novios hace 3 años y desde el último año y medio que comparten una relación poliamorosa jerárquica. También convivieron durante un tiempo. Belu recuerda aquél como su momento de mayores celos y cuenta que ahora no viven juntos y les funciona mejor no saber dónde está el otrx todo el tiempo. Después Pedro cuenta que con otra chica con la que está saliendo tiene una relación monógama híbrida; ella sólo quiere estar con él y sabe que su novia principal es Belu.

Cuánto contarle a la pareja fue otro gran tema del taller. Depende, es la gran respuesta. Hay personas a las que les gusta saber todo con lujo de detalles y otras que prefieren tener la menor información posible. Es parte de cómo lxs haga sentir cada opción. ‘A mí no me interesa saber nada’, dice Laura mientras mira a su marido. Él enseguida aclara: ‘Ah, no, yo necesito saber todo, todo’, y ríen.

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Los celos también son propios de la monogamia tradicional que tiende a sobrecargar de valor a la pareja amorosa y sexual. Es como un banco con sólo dos patas, que arriba tiene monogamia, hijxs, un departamento, deudas, compromisos y vacaciones con lxs suegrxs. Esa carga genera sensaciones de dependencia que pueden acentuar los celos o sentimientos de posesión sobre la otra persona. El tema es que, llegado el caso, el banco con una sola pata se cae solo.

Somos personas distintas que reaccionan de forma única a estímulos diferentes. Hay personas que desean ser celadas y pueden sentirse muy heridas si su pareja no lo hace. Hay otras que no toleran ningún tipo de ataduras y algunas a quienes los celos les dan morbo y lxs calienta. Es por esto que, una vez más, Sandra habla de comunicación, de la importancia de cuidar a la pareja y de transformar manejos en consenso.

Por último, menciona un término poco escuchado: la compersión. El corrector subraya pero está bien escrito; la palabra es la traducción del inglés ‘compersion’, que refiere a la capacidad de alegrarse por la felicidad ajena. El movimiento queer y poliamoroso acuñó el término que en el nicho se usa para describir el sentimiento de satisfacción cuando una pareja está teniendo relaciones con otra persona. Es la capacidad de alegrarse por la apertura sexual del otrx y excitarse con eso. Es un sentimiento que puede, incluso, coexistir con los celos.

Al fin y al cabo, frente a los celos siempre se le puede pedir a la pareja una negociación, un cambio de actitud, más cariño y mimos, una charla con rico vino, o, por qué no, más sexo.

 

 

 

Reflexiones sobre el sexo

En la cultura occidental el sexo se toma demasiado en serio. No se tacha a una persona de inmoral, no se le envía a prisión, ni se le expulsa de su familia, porque le guste la cocina con muchas especias. Pero un individuo quizá tenga que sufrir todo esto y más porque le guste el cuero de un zapato. En última instancia, ¿qué posible importancia social puede tener que a una persona le guste masturbarse con un zapato?, quizá no sea, incluso, consensuado, pero ya que no le pedimos permiso a nuestros zapatos para llevarlos puestos, difícilmente puede parecer necesario pedírselo para acabar encima de ellos.

Gayle Rubin

Gayle Rubin es una antropóloga norteamericana dedicada al sexo y a las políticas de género. En su ensayo de 1989 Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad, Rubin habla de la necesidad de pensar sobre el sexo, los valores sexuales y la conducta erótica, temas a los que, dice, debe darse especial interés en momentos de tensión social, ya que poseen una política interna y formas de opresión propias.

Rubin hace un recorrido histórico sobre la evolución y represión de la sexualidad, que culmina sosteniendo que

“la idea de que el sexo per se es perjudicial para los jóvenes ha quedado inserta en estructuras sociales y legales que tienen por objeto aislar a los menores del conocimiento y la experiencia sexuales’’

La sexualidad está reprimida y condicionada según el ‘esencialismo sexual’, que es la noción que entiende al sexo como anterior a la vida social, como algo estátido y dogmático con poca capacidad de cambio. Pero el sexo no es una cualidad biológica preexistente de los hombres, sino que se constituye en las prácticas sociales históricamente determinadas. 

Pero no. Al sexo siempre se lo categorizó en términos de bien y mal, de sexo moral y promiscuidad. En el gráfico se puede ver una de esas divisiones:

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El sexo es tan social como las dietas para adelgazar, los medios de transporte o las formas de trabajo. En torno a la sexualidad hay muchos mitos y paradigmas que etiquetan las prácticas y vínculos sexuales según su cercanía con la perversión absoluta. Rubin nombra algunos:

Las ideas de la tradición cristiana entienden al sexo como pecaminoso, salvo por el sexo puertas adentro del matrimonio heterosexual y con fines estrictamente reproductivos. De los mismos productores llegan las ideas de la jerarquización sexual que ubica en la cima de la pirámide de la aceptación sexual a los hombres heterosexuales casados, seguidos por los heterosexuales monógamos, etcétera, hasta el inferior. Hasta la casta más baja de la tolerancia, los marginados sexuales: polígamos, transexuales, fetichistas, sadomasiquistas, trabajadores del sexo y quienes transgreden barreras generacionales.

Quienes están en la cima pueden darse el lujo de ser respetados, reconocidos socialmente y legales, mientras que quienes ocupan los lugares inferiores suelen ser juzgados, maltratados, considerados enfermos mentales y hasta recibir castigos legales o económicos. La misma categorización se hace con los actos sexuales. Algunos están ‘bien’ y otros son fruto de la cercanía a Satanás. Está ‘bien’ acabarle la cara a alguien, pero está ‘mal’ hacerle pis en la pierna… y otras cosas por el estilo.

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Mi preferida es la teoría del dominó del peligro sexual: “Se piensa que la pornografía conduce a la pornografía sadomasoquista. Y, a su vez, se supone que ésta lleva a la violación’’, dice Rubin. Como el nombre lo indica, esta corriente de pensamiento contempla el potencial peligro de aceptar conductas sexuales alternativas y ve a las manifestaciones sexuales no convencionales como peligrosas y entiende que la asimilación de unas culminará en el caos sexual.

“A la mayor parte de la gente le resulta difícil comprender que cualquier cosa que a ellos pueda gustarles hacer sexualmente puede serle totalmente repulsiva a otra persona, y que lo que pueda repelerles será quizá el placer más apreciado de otra. A nadie tiene por qué gustarle, ni nadie está obligado a hacer un acto sexual concreto para poder reconocer la libertad de otra persona para realizarlo, y que esta diferencia no indica ninguna ausencia de buen gusto, ni de salud mental, ni de inteligencia en ninguna de las partes. La mayor parte de la gente toma equivocadamente a sus experiencias sexuales por un sistema universal que debe o debería funcionar para todos’’
(Rubin, 1989, p.23)

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El problema de estos paradigmas teóricos es que se manifiestan en conductas sociales y estatales. El Estado rige las conductas sexuales en formas que no son normales en otros ámbitos de la vida privada. Un ejemplo de esto es la prohibición de las relaciones entre sexo y dinero, regulaciones que no se hacen en otras áreas de comercio. Se da una negación cultural frente a lo que se considera nocivo

Hay una tendencia social y política a confundir vicio con crimen. Qué peligro. Son dos condiciones diferentes que se mezclan en ámbitos como la legislación sobre la sexualidad, las drogas y el cuerpo, entre otros. El Estado pasa a ocupar un rol paternalista, en el que vela por la supuesta integridad de los habitantes y censura el acceso a los conocimientos de los más pequeños.

La ideología imperante y los medios masivos de comunicación difunden la imagen de que la sexualidad de grupos marginados es peligrosa y habitada por psicópatas y delincuentes. La lucha de esos grupos por cambiar la concepción hegemónica chocan con la censura y el prejuicio.

La sexualidad es política y está organizada por sistemas de poder que valoran a unxs y condenan a otrxs. El sexo sigue negándose en la mayoría de los aspectos sociales. 

“Una teoría radical del sexo debe identificar, describir, explicar y denunciar la injusticia erótica y la opresión sexual. Necesita, por tanto, instrumentos conceptuales que puedan mostrarnos el objeto a estudiar. Debe construir descripciones ricas sobre la sexualidad, tal y como ésta existe en la sociedad y en la historia, y requiere un lenguaje crítico convincente que transmita la crueldad de la persecución sexual’’
(Rubin, 1989, p. 13)

Más allá de que hoy el panorama haya evolucionado, la sexualidad continúa formando parte de la rama de tabúes sociales. Internet es una herramienta que disipa los prejuicios sobre los temas más controversiales y la sexualidad no es la excepción. La era actual de las comunicaciones dinámicas, las redes sociales y la circulación constante de contenidos generados por lxs usuarixs pueden ser entendidos como parte de una época de tensión social, situación en que la sexualidad debe ser especialmente tratada.

Mientras tanto, podemos reírnos con esto y soñar con un mundo donde el sexo no es tabú:

Un poco de data triple x

Tecnologías, sexualidades y relaciones de poder en las formas de clasificación del porno en internet es una tesina que escribieron Christian Orgaz Alonso y Javier Rujas Martínez-Novillo y analiza las formas de clasificación de las páginas de contenido pornográfico más visitadas: Youporn y Redtube.

Entienden por pornografía “todo material que represente actos sexuales explícitamente, generalmente con el fin de provocar placer o excitación sexual en la persona que lo recibe y consume’’, considerado habitualmente como ofensivo, obsceno o indecente, por lo que se le atribuye un carácter marginal entre las formas simbólicas. Los autores toman la pornografía como un fenómeno cultural tan analizable como cualquier otro.

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Los 80 estuvieron marcados por el debate que se dio en el seno de la militancia feminista entre las anti-pornografía y las anti-censura. Las primeras, con Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin como principales exponentes, consideran que la pornografía reproduce en todas su formas la dominación machista. En contraposición, Judith Butler, principal exponente de la corriente pro-pornografía, ve en esa creación de contenidos una posibilidad de subversión que devenga en mecanismos de resignificación de las prácticas sexuales hegemónicas.

Los autores coinciden con Foucault y sostienen que deben estudiarse las manifestaciones concretas de la sexualidad como parte del entramado de relaciones y discursos de la producción sexual. El análisis se centra en los modos de clasificación de videos pornográficos en internet, la información se recaudó en noviembre de 2010.

La gran mayoría de los consumidores de pornografía en Internet son hombres menores de 35 años y de clase social media o media alta. En cuanto a las categorías, las opciones son muy diversas y con poca relación lógica entre ellas. Identificaron tres criterios básicos de clasificación: prácticas, características de las personas y contextos.

La clasificación se rige por el eje ‘orientación sexual masculina’. Esto se deduce de la oferta de contenidos y por un análisis más específico: el porno homosexual masculino aparece como la única categoría que no se mezcla con ninguna de las otras.

Por otro lado, los vídeos de homosexualidad femenina no sólo aparecen bajo la categoría ‘lesbian’, sino que la temática se repite en muchas categorías, siempre como generadora de placer masculino, no como pornografía lésbica en sí misma. 

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Los autores se enfocaron también en las categorías no explícitas, como ‘heterosexual’, el rango de edad habitual y la etnia. Frente a las categorías ‘asiáticos’ o ‘negros’, no existe una categoría que sea ‘blancos’, aunque sí de forma implícita. También resulta implícita la categoría que refiere a la clase social, a pesar de que no haya ninguna separación explícita, el personaje masculino central de los videos representa un nivel socioeconómico medio o alto.

Estas categorías dadas por obvias devienen en un modelo de representación hegemónico que los autores definen como ‘rico/demandante/hombre/blanco’ en oposición a ‘pobre/potencial ofertante/mujer/no blanca’.

Esos criterios estructurantes representan las formas vigentes de representar la sexualidad, androcéntrica y dirigida a un público específico, y participa de las visiones socialmente hegemónicas. Las categorías pornográficas sirven más para separar y aislar aquellos contenidos que resultan menos tolerables, mientras reproducen gustos sexuales hegemónicos. A pesar de la conclusión desesperanzadora, los autores creen en el potencial subversivo de la pornografía, pero no pudieron abarcar las creaciones no hegemónicas que circulan por Internet. Delegan esa tarea en futuros investigadores y eso haremos.

Pornografía y subversión

En 2013, la Revista de Ciencias Sociales Convergencia de México publicó el ensayo de la argentina Mariela Solana Pornografía y subversión: una aproximación desde la teoría de género de Judith Butler. El trabajo analiza la pornografía alternativa desde la perspectiva butleriana, que entiende a la misma como mecanismo de subversión frente a la pornografía mainstream. La tesista pretende contribuir al debate entre las posturas abolicionistas y las que están a favor de la industria pornográfica como posibilidad de redefinición de los términos sexuales, debate que se repite en los trabajos académicos sobre sexualidad y pornografía y que sigue vigente dentro del feminismo.

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Butler es una autora feminista y controversial, que con su obra El género en disputa, de 1990, impulsó el debate en torno al género y la sexualidad. Su teoría se centra en la definición de género como acto performativo, concepción que escapa a las nociones del género entendido como algo biológicamente dado (el sexo) y a la del género como elección voluntaria. Lo que la autora propone es que la definición del género se da performativamente en los actos, discursos y modos de ser de cada individuo.

Butler sostiene que los ideales convencionales rigen el comportamiento sexual de las personas, dividiéndolas entre ‘normales’ a quienes acatan las reglas y ‘anormales’ a quienes las desobedecen. Ese escenario constrictivo de la sexualidad es entendido como normatividad y como una matriz heterosexual, “que ordena el sexo, el género y el deseo de forma binaria, discreta y jerárquica’’, binaria en el sentido de las nociones entendidas como válidas: femenino/masculino, deseo del hombre por la mujer/deseo de la mujer por el hombre.

Butler cree en la capacidad transformativa de la sociedad y define la subversión como la repetición resignificadora:

“La estabilidad del género se da gracias a y a pesar de la repetición de actos. Se da gracias a la repetición porque el sostenimiento en el tiempo genera una ilusión de continuidad y naturalidad, pero también se da a su pesar, porque, para la autora, toda repetición temporal trae aparejado un desplazamiento respecto de aquello que se repite. La reiteración nunca es idéntica a lo reiterado y es en esta distancia donde podemos encontrar un espacio para la repetición subversiva’’

(Solana, 2013, p. 163).

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Judith Butler

Se entiende, entonces, la noción de subversión como la posibilidad de hallar grietas por donde desestabilizar los ideales hegemónicos y opresivos. No se trata de destruir estructuras anteriores, sino de redefinir y cuestionar la validez de las normas.

Lo central de esta idea es el hecho de que la tarea de subvertir no es ajena a la cultura, sino que se centra, principalmente, en quienes son dejados de lado en el universo de las representaciones de género. El fin es, entonces, desplazar las barreras del género a través de la repetición multiplicada y radical de las narraciones sexuales y de género.

Los actos no son en sí mismos subversivos o no subversivos, sino que la subversión es un valor que se les adjudica retrospectivamente, según el contexto, las consecuencias y las relaciones que establece con el resto de los elementos del orden social. 

Las teorías abolicionistas consideran que toda pornografía, incluidas las producciones alternativas, reproducen y refuerzan la subordinación sexual de las mujeres. Sostienen también que la premisa más importante del sistema patriarcal se representa de forma sexual. Las exponentes de ese movimiento proponen la prohibición de la pornografía por considerar que viola los derechos civiles de las mujeres. La autora del trabajo, en cambio, considera la emergencia de la pornografía alternativa como acto subversivo. Las ‘feministas pro sexo’ sostienen que el abolicionismo reivindica la posición machista en vez de refutarla y consideran la creación de contenidos subversivos como la posibilidad de resignificación de los valores predominantes.

Solana analiza las producciones de las directoras y teóricas Annie Sprinkle y Erica Lust que tienen como fin la reivindicación del lesbianismo, de las representaciones raciales de las mujeres y de los ideales de belleza en la pornografía mainstream. Estas películas se realizaron con el fin de promover una educación sexual alternativa a las concepciones tradicionales, centrada en el placer femenino y el conocimiento sobre la transmisión del HIV en el sexo entre mujeres. Otro punto clave de estas producciones es el de atender los derechos de lxs trabajadorxs sexuales:

          • Deep inside Annie Sprinkle, de 1982, brinda un recorrido de escenas sexuales que no solían aparecer en la pornografía hegemónica, con especial interés en desplazar los tabúes en torno al hombre penetrado y la erotización del ano masculino, dejados de lado en la pornografía heterosexual.
          • Good girl, de Erica Lust en 2004, es una parodia del típico encuentro de la mujer con el repartidor de pizza. El giro está en que es la mujer quien tiene la iniciativa de tener sexo, no por falta de plata (de hecho paga la pizza y le ofrece un pedazo al repartidor después del sexo) sino por iniciativa sexual personal. La mujer de esta versión lleva adelante la acción, la dirige y goza de su fantasía porno.

Las producciones de Sprinkle y Lust que para MacKinnon son entendidas como reafirmantes de la pornografía patriarcal, para Butler son reconocidas como creaciones subversivas que promueven el cambio de paradigma. Solana desafía a la abolicionista MacKinnon con la pregunta:

“¿Qué posibilidades políticas se abren si dejamos de considerar a la sexualidad femenina como el resultado inerte de prácticas de género opresivas y la comenzamos a pensar como un locus a partir del cual se pueden desprender nuevas formas de imaginar, quizás más igualitariamente, las relaciones sexuales?’’

(Solana, p. 174).

La gran circulación de contenidos sexuales alternativos son una clara forma de subversión. Se dio un cambio social en torno a la concepción que se tenía del género y de la sexualidad y esto se dio gracias a la gran producción y difusión de contenidos que dan cuenta de la sexualidad de sectores marginados. 

Llaman la atención los ejes que se repiten en torno a la sexualidad. Por un lado, la noción de un cambio promovido por quienes crean los contenidos, por otro lado, la idea de la necesidad de redefinir la posición de lxs trabajadorxs sexuales y por último, el debate a favor y en contra de la pornografía como herramienta de redefinición de sentido. Se trata de una polémica que se repite en lxs autorxs y que marca una bisagra en la forma de entender los comportamientos sociales. 

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Crónica publicada en Revista La Agenda

La modelo no está desnuda; es una geisha quieta que se deja hacer. Él le mete unos dedos en la boca y la ahorca un poco, con cariño. Ella tiene los ojos cerrados, el cuerpo de trapo y la cabeza hacia un costado como peso muerto. Cuatro flores tatuadas en la espalda la simulan inocente y el pelo largo le llega a las rodillas. Él le pasa una cuerda por el pezón, ella entreabre la boca y tira la cabeza para atrás. Él es sutil, amable y delicado pero fuerte. La suspende desde los brazos aunque todavía llega a tocar el piso con los pies. Inclinada hacia la derecha, él la mira de frente y le toca el mismo pezón, esta vez con la mano.

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A muchos les aburre el sexo convencional y llegan a conocer el mundo sadomasoquista como cualquier curioso poco acompañado: en internet. Así descubren un universo de látigos, látex, pezoneras, cuerdas, velas y cadenas, probablemente desde mazmorra.net, uno de los portales de placer alternativo más activos de Argentina.

En ese mundo vive Ciro, referente y profesor número uno del ámbito sadomasoquista de Buenos Aires. Ciro da clases de todas las prácticas y es uno de los usuarios más intensos de Mazmorra. Cuenta en su perfil que es hombre de 44 años, heterosexual y dominante. Más abajo arroba a quien domina: @paulaemoji unicode: 2665︎.

Paula a Ciro lo trata de usted y los sábados tiene que usar bombacha negra. En el cuello lleva las iniciales de su dominante talladas en cuero sobre el collar que la identifica como sumisa, como su sumisa. Ciro le saca la gargantilla cuando la usa como modelo de las clases y exposiciones que les dan de comer. Además de una relación contractual de dominación 24/7, comparten un negocio que parece ir muy bien.

BDSM suena más a la sigla de una multinacional que a lo que en realidad refiere: bondage, disciplina, dominación y sumisión, sadismo y masoquismo; el nuevo sadomaso. Ciro tiene un repertorio de adminículos para estas prácticas que asustan pero culminan en una inocente anotación de los puntos de venta. Para dar su clase de Introducción al BDSM los transporta en una valija enorme, de donde saca desde elementos quirúrgicos hasta fustas custom made. Su preferido no es el látigo, sino las cuerdas que usa para su ocupación principal: el Shibari.

Osada Steeve levanta la pierna derecha de su geisha desde arriba de la rodilla, la eleva como quebrada. Ella medio desnuda ya se despide de la pollera, le queda una bombacha de tela suelta. Ahora levanta la segunda pierna por debajo de la otra. El toque final para la suspensión es desde la cadera. La atada cuelga entonces de costado, empinada cabeza abajo, el pelo que casi toca el piso y las piernas separadas, abiertas. Osada Steeve parece hacer lo que predica: “Para que una sesión de cuerdas pueda calificarse como Shibari Kinbaku, uno necesita compenetrarse con la mujer y tocar su alma’’.

Una de las 18 prácticas que aprendían los Samurais en la época de Edo era la inmovilización con ataduras: Shibari, en japonés. Usaban cuerdas para identificar y castigar a los criminales, que debían caminar hasta ser juzgados envueltos en una telaraña que, según la forma y los nudos, confesaba su delito, su clase social y el grupo Samurai que lo había atrapado. El clan se paraba en círculo alrededor de atador y atado para mantener el secreto del nudo, una de las tres reglas del Shibari. Las otras dos: la atadura debía representar una estética adecuada y lograr que el atado no pudiera liberarse por su cuenta. Se los exponía: llevar nudos sobre el cuerpo era una vergüenza.

Según cuenta la leyenda, unos soldados castigaban a una mujer con estas técnicas cuando se dieron cuenta de que mucha tortura no era. Así empezó la idea Shibari Kinbaku, que es la atadura erótica. Después llegó el arte; ilustradores tomaron la técnica samurai y la desdibujaron. Diez mujeres atadas se llama la obra de Kita Reiko que muestra diferentes ataduras para aplicar de forma erótica. Probablemente Kita no supiera lo clave que sería su dibujo para la evolución que vivió su inspiración.

Hoy en día la práctica redireccionó sus modos: inmovilización por abrazo, puntos agónicos por erógenos, brutalidad por placer. Las nuevas formas no buscan lastimar al atado ni causarle dolor, sino llevarlo a volar en una confianza en quien puede hacer daño pero no lo hará. A la técnica milenaria se le modificó la cantidad de cuerdas (hoy mucho mayor) y se le sumó la suspensión; la obra de Shibari Kinbaku culmina con el atado suspendido desde el techo.

Osada Steeve no es su verdadero nombre y tampoco es japonés. Sí sabe mucho de Shibari, el arte que conoció en sus primeros contactos con Asia y que afianzó desde que se mudó definitivamente a Japón en 1980 para perfeccionar la técnica. Reniega de sus raíces, tal vez, cuando critica con ganas la sacrílega versión occidental del Shibari con profesores de segunda que solo enseñan, en sus palabras, “nudos marineros o de macramé’’.

Lo mismo piensa su aprendiz Catalina, una argentina orientalizada que viajó a Japón para aprender la práctica de raíz y que hoy da cursos y workshops de ataduras en una sala alquilada de Abasto por 100 pesos la hora. Ella también vive del Shibari. La foto de su Whatsapp son dos manos atadas a un celular con cuerdas. Los alumnos de este sábado son seis; dos parejas, dos solos y dos modelos voluntarias. Contra una de las paredes Catalina apoya un marco con fotos de Los Maestros, Osada Steeve a la cabeza, y enseguida se viste con una especie de ambo japonés azul.

—Para suspender a gorditos como yo hay que usar más cuerdas a veces, para cubrir más piel y que no se corte la circulación —explica mientras se agarra con las dos manos el muslo para graficar la instrucción.

Un primer pantallazo a Catalina alcanza para disipar cualquier duda sobre su capacidad de inmovilizar a quien se le antoje. Es una mujer pesada que cuando ata, ata fuerte. “Es como capturar a un gigante”, le dijo desde su metro y medio a una alumna que le sacaba una cabeza. Poco duró la confianza de la modelo; en treinta segundos había sido inmovilizada con una sola cuerda.

Desde una viga cuelga un gancho redondo para la suspensión. El atador puede, por ejemplo, esposar las manos del modelo y levantarlas, pasar la cuerda por el gancho y continuar encadenando los antebrazos. El cuerpo crucificado en línea recta ya estaría casi suspendido aunque tocando el piso. La siguiente cuerda podría continuar las ataduras de los antebrazos o empezar por una nueva zona; ¿las tetas? ¿los tobillos?, a piacere. Se logra la suspensión total desde distintos puntos del cuerpo que el maestro tiene que elegir atentamente para que el peso del atado esté bien distribuido y no se dañen puntos nerviosos ni se genere dolor.

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—Esa soga para Shibari no sirve, la podés usar para colgar la ropa en tu casa si querés —le dice Catalina a otra de las alumnas apenas empieza la clase. Presenta después las cuerdas correctas: tienen que ser de yute o de arroz y medir entre 7 y 8 metros. Por sesión se usan 8 o 9 y ella vende cada una a 150 pesos.

Catalina es conservadora y poco querida en el microambiente del Shibari en Buenos Aires. Dice ser la primera en traer el arte y se jacta de la importancia que le da a la seguridad en el atado. Cuentan las malas lenguas, sin embargo, que más de uno de sus alumnos terminó con un brazo duro y alguna mano deforme durante meses.

Toda cuerda asegurada es un abrazo que no termina y de repente, en la intimidad apretujada del Shibari, se entiende a los japoneses: las cuerdas son extensiones de los brazos del atador. Se es consciente de la imposibilidad de escapar y eso relaja. El fin es doble: generar una obra de arte de cuerda y piel y llevar al atado a volar. Cuando empieza el desatado la geisha sin fuerzas cae inerte y Osada Steeve la libera. Ella queda en el piso, parece muerta. En paz seguro.

“Volar” se le dice en el coloquial del Shibari a la noción de subespacio: un estado de trance extasiado que se genera por la liberación de endorfinas y otras hormonas multiplicadas por el cuerpo inmovilizado en el aire. Se pierden las referencias espacio temporales y quien suspende se pierde. Se genera un sentimiento de ensoñación, de abstracción. Aumenta la sensibilidad en la piel y los sentidos trabajan distinto.

—Vuelo, me voy tan lejos que no puedo hablar, no podría decir la palabra de seguridad si necesitara frenar. Hay tanta hormona dando vueltas que nos lleva a lugares que… No sé. Es muy loco, muy lindo, mucho placer. No querés volver —explica Paula frente al público no tan reducido del taller de Introducción al BDSM que da junto a su amo un sábado cualquiera en Villa Crespo.

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Acá el Shibari se usa principalmente como parte de las prácticas BDSM con un fin claro: restringir la movilidad del sumiso. Ciro a Paula la ata al modo japonés para clases y exposiciones. Puertas para adentro la ata para restringirla y como parte de la relación sadomasoquista que comparten desde hace poco más de dos años. En esos casos el Shibari pasa a ser una herramienta más del bondage, combinable con otras como fustas, látigos o ganchos anales. Este proceso deja de lado la forma de atar (el Kinbaku propiamente dicho) y el placer se encuentra en lo que se puede o podría hacer a la persona atada.

En eso anda el Señor Mariano, discípulo de Ciro y número dos de Shibari en Buenos Aires. El Señor Mariano tiene una esposa vainilla (como se denomina a los que no practican BDSM) y disfruta de su costado más sadomasoquista con su sumisa Sol, fuera de casa y con este seudónimo. Con ella está remodelado lo que será una sala de cuerdas en Villa Crespo para dar clases de Shibari Kinbaku y, tal vez, de spanking y azotes. Respeta el Shibari de antaño pero entiende la necesidad de hacerlo más popular para encontrarle el negocio; vende cuerdas y enseña la práctica tanto para quienes la quieren hacer como expresión artística como para quienes prefieren atar a su pareja a la silla del comedor.

El Señor Mariano tenía 14 años cuando vio que en una película hombres flotaban en coma y necesitó experimentarlo. Armó como pudo un sostén cableado que pudiera soportarlo desde el techo y replicó la idea en su casa. Hoy suspende modelos en exposiciones, conferencias y clases; su foco, dice, está en el arte.

Comparte con Ciro la técnica, la atención al cuidado del atado, el conflicto con Catalina y el rol, él también es dominante empedernido y en la intimidad, cuando ata a Sol, la estética le importa menos que el sexo y la sumisión. A Sol la restringe con fines sexuales; la necesita quieta y la ata para eso. En el Shibari la sesión es la cuerda. Los atados no son víctimas, sumisos ni parejas sexuales. No se trata de penetración ni de culminación sexual. Es erótico y, sobre todo, estético.

—El atador alrededor de la modelo plantea “esto soy yo; yo te estoy atando, te estoy abrazando, te estoy capturando” —dice el nato que en sus primeros nudos, hace apenas cuatro años, practicaba Shibari amateur en las sillas de los hoteles que frecuentaba por trabajo.

Su época fue sin internet, recuerda: era imposible encontrarse con otros curiosos del sadomasoquismo. No mucho más que alguna novia que invitara una nalgada. “Era puro VHS en bolsita negra que decía solo adultos, nada más”, lamenta. El Señor Mariano no idolatra a Osada Steeve aunque le reconoce el mérito; fue él quien abrió las puertas de esta técnica a Occidente, donde el arte no tiene más de 35 años. En Argentina no llega a los 10.

El Shibari es una de las tantas prácticas que persiguen el goce y aseguran un límite tajante: el consenso. Sigue siendo una práctica de pocos que mezcla tradición, mercado, estética y placer, siempre placer. Otra industria cultural de nicho que encontró público y negocio en una Buenos Aires siempre curiosa. “Ojo que el Shibari puede ser vainilla”, advierte seguido el Señor Mariano. Como para que nadie se quede sin probar.

¿Qué vemos cuando vemos porno?

Carlos Eduardo Figori escribió Placeres a la carta: consumo de pornografía y constitución de géneros’, un ensayo para La Revista de Estudios de Género La Ventana en 2008. El autor habla de la pornografía entendida como objeto educativo y formador de costumbresFigori descarta las teorías clásicas de la sexualidad y sostiene la propia: hay tantas sexualidades como individuos.

El dominio machista de la pornografía está relacionado con la idea de una sexualidad que debe resolver la tensión sexual con una resolución masculina. La eyaculación del hombre es el centro de la industria y como consumación última del acto sexual. ¿Ella no acabó? ¡No importa!

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El placer sexual puede darse por estímulos internos (como recuerdos y fantasías), o por estímulos externos que activen los internos. La pornografía es parte de los estímulos externos y su función es estimular las fantasías y recuerdos sexuales y crear reacciones físicas y emocionales en los consumidores.

“La secularización pos-revolucionaria y la caída del pensamiento dogmático religioso ya hacía vislumbrar, aun antes de Nietzche, que un Dios ya no habitaba en Occidente y que por ende ya no había moral ni reglas, sino un hombre sin límites’’

(Figori, 2008, p. 177)

Los límites tradicionalmente impuestos por la Iglesia pasaron a ser marcados por la medicina y la psiquiatría. Las ideas de que la sexualidad definía a los individuos llevó a calificar muchas de sus manifestaciones de patológicas o delictivas. 

Los hombres son los principales consumidores de pornografía porque la mujer fue considerada hasta hace poco y nada como asexuada y ajena al placer sexual. El hecho de que las mujeres tengan menos parejas sexuales o consuman menos pornografía se debe únicamente a una cuestión cultural.

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La pornografía convencional reproduce estereotipos de género y estéticos que resultan en un canon pornográfico que los habitantes reproducen constantemente en sus acciones cotidianas. Parte del canon se conforma con las tomas de filmación, que juegan entre el plano general y primerísimos planos de la penetración y eyaculación. Frente a esa representación de lo sexual surgen nuevas formas de pornografía que satisfacen los deseos sexuales de grupos minoritarios y marginados.

La pornografía es necesariamente educativa y formadora de modos de reproducción occidentales y machistas. Y la pornografía tradicional debe ser vista con ojo crítico, sobre las bases de que la sexualidad es propia de cada ser.

La pornografía gay avanzó mucho en la creación de contenidos propios, aunque los cánones de la filmografía gay son casi idénticos a la heterosexual y reproducen estéticas machistas y raciales muy similares. La pornografía feminista, en cambio, hace especial hincapié en alejarse de las producciones tradicionales que cosifican a quien está frente a la cámara, logró desplazarse del falocentrismo y de las huellas de dominación masculina y generar películas con argumentos que excedieran el intercambio sexual.

También la pornografía lesbiana pudo hacerse valer, retratando una sexualidad lésbica ajena a la fantasía lesbiana masculina. Hasta hace muy poco, las lesbianas representadas en la pornografía sólo actuaban para satisfacer a una tercera persona: el observador heterosexual, el público preferido de las mujeres que sin un pene no saben qué hacer.

La fuerza porno femenina tiene como una de sus principales referentes a Annie Sprinkle, primera en acuñar el término posporno. El posporno es relacionado por Figori con lo que Foucault denominó la `desexualización del placer´ por ser un “subgénero que desafía el sistema de producción de género y que desterritorializa el cuerpo sexuado’’ (Sáez, 2003). Figori presenta el posporno como una primera redefición de lo pornográfico.

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La pornografía es la mayor industria cultural, con más de 10 mil millones de dólares en producción, y es el sector más activo en Internet. De eso se desprende que la mayoría de los hombres aprendan sobre la sexualidad a través de la pornografía. Esto deviene en una obligatoria revisión desde la educación sexual de los contenidos que se manifiestan en la pornografía tradicional. El hecho de que la pornografía sea un producto propio de la cultura patriarcal constituye la necesidad y oportunidad de subvertir sus términos.

Foucault: poder, saber y placer

El punto esencial no es saber si al sexo se le dice sí o no, si se castigan o no las palabras que lo designan, sino determinar en qué formas, a través de qué canales, deslizándose a lo largo de qué discursos llega el poder hasta las conductas más tenues y más individuales, qué caminos le permiten alcanzar las formas infrecuentes o apenas perceptibles del deseo, cómo infiltra y controla el placer cotidiano.

Michel Foucault

Michel Foucault nació en Francia en 1926. Se convirtió en filósofo y psicólogo y es uno de los teóricos más influyentes del siglo XX. Fue director de carrera en diferentes universidades francesas, hasta que en el ’71 fue designado como profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento en la universidad Collège de France, donde ejerció hasta su muerte, en 1984. Sus estudios se enfocaron en los mecanismos de control social e iban de la mano de su militancia política e ideológica.

El enfoque de su trabajo estuvo en los grupos marginados como los presos, lxs locxs, las minorías sexuales o lxs inmigrantes. Él mismo formaba parte de una: era gay en una época en la que la batalla homosexual no había dado los frutos que se reconocen hoy. Su muerte impidió que terminara de escribir los siete tomos que tenía pensado sobre la historia de la sexualidad. Llegó a escribir tres, obras impresionantes de un pensador que siempre fue más rápido que la sociedad que lo acogía.

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La obra de Foucault gira alrededor de las nociones de poder. El autor entiende que el poder es algo que se cristaliza en todos los ámbitos e instituciones sociales, antecedente que se encuentra en la obra de Nietzsche, y que se traduce en discursos sociales que son repetidos y absorbidos de forma natural en la Modernidad.

Esos discursos sirven para forjar la noción de un ‘ciudadano ideal’ que en términos del capitalismo imperante implica la dedicación entera a la producción rentable. Esa formulación de una supuesta normalidad en pos de un sistema de producción capitalista es fuertemente criticada por el autor, quien sostiene que esa obligatoriedad tácita es la que logra invisibilizar los gustos y necesidades de los sectores marginados y, muchas veces, ajenos a los modos capitalistas.

Michel Foucault hace referencia en el primer tomo de su libro de Historia de la sexualidad a la construcción de sentido en relación con lo sexual. Sostiene que la burguesía victoriana del SXVII fue la encargada de reprimir y silenciar la sexualidad, que pasó a ser confiscada por la vida conyugal y la función reproductora. “En torno al sexo, silencio”. Frente al decreto de prohibición, inexistencia y mutismo de la sexualidad, Foucault propone a los manicomios y burdeles como únicos lugares tolerantes a la libertad sexual.

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Es a partir de la edad clásica que la represión ha sido el modo central de la relación entre poder, saber y sexualidad. Para revertir esa situación de represión sexual

“haría falta nada menos que una transgresión de las leyes, una anulación de las prohibiciones, una irrupción de la palabra, una restitución del placer a lo real y toda una nueva economía en los mecanismos del poder; pues el menor fragmento de verdad está sujeto a condición política. (…) La empresa de hablar libremente del sexo y de aceptarlo en su realidad es tan ajena al hilo de una historia ya milenaria, es además tan hostil a los mecanismos intrínsecos del poder, que no puede sino atascarse mucho tiempo antes de tener éxito en su tarea’’

(Foucault, 1976).

Foucault presenta al SXVII como el comienzo de la edad de la represión sexual, no solo en el nivel físico y práctico, sino también en en el campo del lenguaje. “Mutismos que imponen el silencio a fuerza de callarse. Censura´´. Esa censura sexual era funcional a los modos de producción: era necesario reducir al mínimo (cuarto matrimonial) los momentos de esparcimiento sexual. El autor entiende que se trata de un sistema con la necesidad de encajonar las actitudes y personalidades que deben ser despreciadas socialmente para que no interfieran en el auge capitalista. La represión formaría parte, entonces, del orden burgués.

Foucault plantea que para que sea posible una redefinición de la sexualidad alejada de sus concepciones negativas es necesario realizar un cambio discursivo. Se debe entender al sexo no como algo que deba ser tolerado o tratado lo menos posible, sino como una de las tantas actividades humanas. Debe ser administrado y dirigido, puesto en duda y criticado para vencer las barreras impuestas en la Modernidad. La represión requiere un mecanismo de control que Foucault encuentra en lo que denomina ‘policía del sexo’: “no el rigor de una prohibición, sino la necesidad de reglamentar el sexo mediante discursos útiles y públicos’’ (Foucault, 1976).

Expulsión del Paraiso (1871)

La importancia que Foucault le otorga al discurso en torno al sexo se debe a que entiende que esa fue la herramienta primera de la represión. El hecho de que las personas, principalmente en las confesiones religiosas, debieran extrapolar y poner en palabras sus pecados sexuales llevó a que se consolidara un discurso del deseo condicionado en pos de la represión. Es por eso mismo que plantea una revolución de sentido que comience en un cambio de discurso.

“¿Censura respecto al sexo? Más bien se ha construido un artefacto para producir discursos sobre el sexo, siempre más discursos, susceptibles de funcionar y de surtir efecto en su economía misma’’

(Foucault, 1976)

Sobre el posporno

Este caso es una tesina escrita por la española Sara Pedraz Poza y tutoreada por Loreto Ares titulada Sexo, poder y cine: representaciones sexuales en los nuevos relatos pornográficos. El trabajo se publicó en 2011 en la Revista Ícono de España y trata las relaciones de poder basadas en la supremacía de lo blanco, anglosajón, heterosexual y masculino que se manifiestan en la pornografía tradicional.

Estudia las nuevas formas de representación pornográfica que surgieron en el siglo XXI y el objetivo es el de reivindicar la pornografía como espacio de lucha por la resignificación del sentido sexual y pornográfico contrarios a los cánones heteronormativos. La autora analiza la pornografía sobre la base de su concepto de poder en relación con el cuerpo y sus políticas, y remarca como lo más importante la idea de que siempre donde hay poder, hay resistencia. Esa resistencia puede ser entendida en términos butlerianos como subversión.

El posporno nació en los años 1989 con Annie Sprinkle, quien empezó a hacer este tipo de performances en distintos teatros e instituciones. Bajo la premisa de que el porno tradicional estigmatiza a la mujer, el posporno surge como una práctica de denuncia que plantea una sexualidad nueva y libre de géneros encasilladores. Los roles estereotipados son puestos en duda y el fin también cambia: el posporno no tiene la intención de erotizar a quien observa la práctica, sino de mostrar cómo llevan distintas personas su sexualidad. El movimiento busca apropiarse de parte de la producción para favorecer la representación y los deseos del cuerpo. 

La productora y teórica feminista, María Llopis, define al posporno como

“la cristalización de luchas gays y lesbianas de las últimas décadas, del movimiento queer, de la reivindicación de la prostitución dentro del feminismo. Es la apropiación de un género, el de la representación explícita del sexo, que ha sido hasta ahora monopolizada por la industria’’

(Llopis, 2010, p. 38).

La autora propone que frente a lo estereotipado y heteronormativo de la industria pornográfica mainstream, el posporno se presenta como representante de los no representados. Este movimiento está encabezado por colectivos que luchan por la propiedad de su imagen y de su sexualidad (grupos LGTB, trabajadorxs sexuales, grupos queer y transgénero).

El fin es la reivindicación de las sexualidades ajenas a la industria pornográfica. Se busca a través del posporno reproducir sexualidades paralelas. La herramienta: cortometrajes y puestas en escena que no buscan la excitación del espectador, sino conceptualizar la propia sexualidad marginada y dar cuenta de sus interacciones. Las prácticas más comunes en el posporno son el sadomasoquismo, el transformismo, el sexo en grupos, entre otros, con dos características principales: la búsqueda del placer del que realiza el film como objetivo principal y la producción de juegos de roles, “de manera que la búsqueda de la experimentación es real y la llevan a cabo todas las partes’’.

Posporno_UNC

El posporno hace un uso político-sexual de los espacios públicos. Busca mostrar las diferentes prácticas sexuales posibles a través de la excitación personal de los productores y de la utilización del material como instrumento político de reconstrucción de sentido. Y lo consiguieron. El posporno implicó un cambio de paradigma, o por lo menos el principio de, que ubicó a la sexualidad en el centro de los temas a reflexionar. Puso en cuestionamiento la visión genitocéntrica y falocéntrica y reflejó una postura femenina opuesta a la de la sumisión y victimización de la pornografía clásica. Esta práctica no busca cambiar el punto de vista, sino mostrar lo diferente: transgredir las nociones de los cuerpos en las prácticas tradicionales del porno.